
Puebla, Pue.— Cuando una emergencia ocurre a millones de kilómetros de la Tierra, esperar instrucciones puede no ser una opción. Este escenario fue parte del análisis presentado por la investigadora aeroespacial mexicana Cecilia Guadalupe Torres Perea, durante la conferencia magistral “¿Quién toma las decisiones en el espacio profundo? Ética y autonomía de la IA en misiones tripuladas”, realizada en el edificio Carolino de la BUAP.
Organizada por AURA. Inteligencia Artificial y Ética Algorítmica de la BUAP, la ponencia abordó uno de los grandes desafíos de la futura exploración espacial: determinar hasta dónde puede una inteligencia artificial tomar decisiones que involucren la vida humana.
Torres Perea explicó que en una eventual misión a Marte, la comunicación con la Tierra podría presentar retrasos de hasta 20 minutos, una situación que volvería inviable esperar instrucciones ante una emergencia médica o una falla crítica de soporte vital.
En estos casos, planteó, una IA instalada en la nave podría analizar información, diagnosticar situaciones, priorizar recursos y proponer soluciones en tiempo real. Sin embargo, esta autonomía también abre interrogantes sobre responsabilidad, ética y límites en la toma de decisiones.
La especialista, quien combina su formación en psicología con sus estudios de Ingeniería Aeronáutica, destacó que la exploración espacial requiere una visión multidisciplinaria en la que converjan áreas como física, medicina, psicología, ingeniería e inteligencia artificial.
Recordó que la exploración espacial moderna apenas tiene unas décadas, frente a la enorme historia del universo, por lo que todavía existen grandes desafíos por resolver. Incluso vislumbró la posibilidad de que, en algunos siglos, la humanidad pueda convertirse en una especie interplanetaria.
En este contexto, mencionó los avances en sistemas de lanzamiento y misiones privadas tripuladas, entre ellos el desarrollo de Starship de SpaceX, que busca abrir camino hacia futuras misiones lunares y eventualmente vuelos comerciales.
El reto, concluyó, no será únicamente llegar más lejos, sino garantizar que quienes viajen puedan hacerlo de manera segura y que las tecnologías que los acompañen —incluida la IA— operen bajo principios éticos claros.
Así, la pregunta ya no es sólo hasta dónde podrá llegar la humanidad, sino también qué decisiones estará dispuesta a delegar cuando la Tierra quede a millones de kilómetros de distancia.

