
Desde temprana hora, el ambiente se llenó de risas y muestras espontáneas de afecto. Parejas, grupos de amigos y compañeros de clase aprovecharon los espacios del parque para tomarse selfies, intercambiar detalles y dejar constancia de un día distinto a la rutina académica. Entre pieza y pieza de ajedrez gigante, las fotografías se convirtieron en protagonistas, capturando abrazos, bromas y promesas de amistad eterna.
La música marcó el ritmo del festejo. Canciones románticas y éxitos del momento animaron a los asistentes, que no dudaron en corear y dedicar temas especiales. El aroma de la comida también fue parte esencial de la celebración: antojitos, postres y bebidas refrescantes acompañaron las conversaciones que se prolongaron durante toda la tarde.
Los souvenirs —desde pequeños obsequios simbólicos hasta detalles personalizados— fueron el toque final de una jornada que buscó fortalecer los lazos entre la comunidad universitaria. Más que un simple evento, la celebración se convirtió en un punto de encuentro donde el cariño y la amistad tomaron forma en cada gesto.

