
La constancia y el compromiso que exige la danza clásica se reflejan también en el ámbito académico. Para Ivana Pumarada Hernández, estudiante de la Facultad de Estomatología de la BUAP, el ballet no sólo es una expresión artística, sino una herramienta que fortalece su desarrollo profesional y personal.
La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla brinda a sus estudiantes la posibilidad de complementar su preparación académica con actividades artísticas que estimulan la sensibilidad y la disciplina. Así lo afirma Ivana Pumarada Hernández, quien considera que la universidad es un espacio donde se puede crecer más allá del aula. “Aquí no sólo estudias una carrera, también tienes la oportunidad de desarrollar el talento artístico que posees”, señaló.
Ivana descubrió su amor por el ballet desde muy pequeña. Comenzó a practicarlo a los tres años y continuó hasta los trece, cuando hizo una pausa que la alejó temporalmente de la danza. Años después, ya como universitaria, se dio cuenta de que no podría dedicarse profesionalmente al ballet; sin embargo, tras el confinamiento por la pandemia y gracias a los talleres artísticos del Complejo Cultural Universitario (CCU), decidió retomar esta pasión.
Actualmente, la alumna organiza sus horarios académicos para dedicar las tardes a sus clases de ballet. Esta combinación, asegura, ha sido posible gracias a la flexibilidad y a las condiciones que ofrece la BUAP. Destacó además que en los talleres del CCU encontró una forma distinta de vivir la danza, lejos de la competitividad característica de las academias tradicionales. “Es un ambiente colaborativo, todos trabajan para que la función salga bien y las maestras son excelentes”, comentó.
Su rutina diaria combina el estudio de la licenciatura con la práctica constante del ballet, sin descuidar ninguna de las dos actividades. Ivana reconoce que las instalaciones universitarias juegan un papel fundamental en su desarrollo, ya que se encuentran en óptimas condiciones para el aprendizaje y la práctica artística.
En el ámbito académico, asegura no tener dificultades, pues la disciplina adquirida en la danza le ha permitido mantener constancia y enfoque en sus estudios. Además, destacó el respaldo de su familia, especialmente el de su madre, como un pilar importante en su formación.
A sus 22 años y cursando el noveno semestre, Ivana afirma que el ballet incluso le aporta beneficios físicos para su futura profesión. Las posturas y el control corporal que exige la danza le ayudan a mantener una correcta posición al atender a sus pacientes, evitando molestias comunes como dolores de cuello y espalda.
Finalmente, la estudiante resaltó la calidad académica de la Facultad de Estomatología, el acompañamiento de los docentes y el uso de simuladores para las prácticas clínicas. Agradecida, recordó su participación como hada de azúcar en El Cascanueces, presentación realizada en el Teatro del CCU, experiencia que reafirmó su convicción de que el arte y la ciencia pueden convivir en una formación universitaria integral.

