
Tres estudiantes poblanas demuestran que la resiliencia es la mayor habilidad de una atleta
En la gimnasia aeróbica —donde la fuerza, la precisión, la gracia y la elegancia deben coexistir en apenas unos segundos— la perfección es tan frágil que una caída lo cambia todo. Así comenzó la historia de Mónica Manuel Caldelas Benítez, Ana Elena Brizuela Ferreyra y Lizette Solorio Guerrero, estudiantes de la BUAP, quienes transformaron un “fracaso total” en el impulso que las llevó a convertirse en uno de los tríos más destacados de México en 2025.
El encuentro que cambió el rumbo
Sus caminos no estaban destinados, pero se cruzaron en el momento exacto. Mónica recuerda con claridad cómo surgió la idea: primero se integró Liz; después, Ana. Compartían fuerza, flexibilidad y un nivel técnico similar. Entonces surgió la pregunta que lo inició todo:
“¿Y por qué no hacemos un trío?”
En agosto de 2024, la aventura comenzó. Apenas meses después, su nombre ya resonaba dentro y fuera del país.
De un tropiezo doloroso a una cadena de victorias
Su primera competencia juntas, un ranqueo para el Campeonato Panamericano en abril de 2025, fue un golpe de realidad: “Quedamos en último lugar y tuvimos tres caídas”, confiesan. El duro resultado, lejos de desmotivarlas, cimentó su unión. Decidieron entrenar más, disciplinarse al máximo y convertir su frustración en combustible.
Ese mismo espíritu las llevó a lograr, en menos de un año:
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1.º lugar en la Universiada Nacional 2025, celebrada en la BUAP.
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3.º lugar en el Campeonato Nacional, en Oaxtepec, Morelos.
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6.º lugar general y 2.º mejor equipo de México en la Copa Panamericana de Clubes, en Maldonado, Uruguay.
Su avance fue monumental: de una puntuación de 11 en abril a 16.589 en octubre.
Unidas por la gimnasia… y por la BUAP
Aunque su equipo es reciente, su pasión no lo es. Ana tiene 15 años en la gimnasia; Liz entrena desde los siete; Mónica comenzó en la adolescencia. Sus trayectorias coincidieron en la BUAP, donde encontraron un entorno que las impulsó a crecer: instalaciones, apoyos institucionales, uniformes, viajes y un equipo profesional de fisioterapia, nutrición, psicología y medicina deportiva.
Ese respaldo académico y deportivo les permitió desarrollar un estilo de vida tan exigente como inspirador. Entrenan dos a tres horas diarias, incluso fines de semana, incluso con cansancio o enfermedad, y deben coordinar tres agendas académicas distintas para coincidir.
Atletas de alto rendimiento… y estudiantes destacadas
A pesar de sus intensas rutinas, mantienen expedientes académicos ejemplares:
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Liz, promedio 9.6, la mejor de su generación en Fisioterapia.
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Ana, promedio 9.4, también en Fisioterapia.
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Mónica, recién incorporada a Cultura Física, tras cambiarse de Ingeniería Civil, con resultados pendientes pero un compromiso intacto.
Tres gimnastas, tres historias de disciplina, tres mujeres que prueban que la excelencia no es un acto, sino un hábito.
Más allá de las medallas
Lo que comenzó como una idea espontánea se convirtió en una lección de vida. Su mayor victoria no está en los podios, sino en la firmeza con la que enfrentaron la derrota, en la solidez de su amistad y en el amor que sienten por la gimnasia.
La historia de Mónica, Ana y Liz no solo cuenta cómo se forma un equipo ganador: muestra cómo se forma el carácter. Y hoy, ese carácter las ha llevado a convertirse en un ejemplo para la BUAP… y para cualquier joven que haya caído alguna vez en la duela.

